La sociedad Post-Tecnológica

                                                                                                                                                                                         Ayamonte, cuarta luna nueva de 2039

 

¿Quién hubiera imaginado, hace solo veinticinco años, el mundo de hoy?

Nos dijeron que era una crisis. No lo era. Era la caída de mil gigantes con pies de barro, el resquebrajamiento de los espejismos que colectivamente habíamos confundido con la realidad, la desaparición del horizonte que nos había guiado durante siglos. La luz se apagaba. Pero surgió otra, distinta.

sociedad post-tecnológica
Foto: Pawel Kadysz

Toda aquella obsesión con el crecimiento:

        —¿Crecimiento?

        —Crecí —miento.

        Era todo mentira.

No es que no pudiésemos verlo, es que no queríamos verlo. El mundo materialista y tecnológico era un espejismo producido, sobre todo, por la abundancia de petróleo barato. Al acabarse aquella abundancia, se acabó el espejismo.

Algo había oído sobre el fin del petróleo. Pero seguía habiéndolo. No escaseó hasta el principio del final. Y se hablaba del cambio climático: año tras año, cada vez menos hielo en el Ártico en verano, glaciares que retrocedían en los Alpes, en el Pirineo, en todas partes.

        Otras voces alertaban sobre mil peligros: de la energía nuclear y los transgénicos a las radiaciones de los artilugios electrónicos que tanto nos encantaban. Pero nada de ello nos afectaba inmediatamente. No parecía tan grave. Al fin y al cabo, éramos la cumbre de la civilización. Teníamos más conocimientos que nunca. Y siempre había expertos que nos reconfortaban con su alarde de saber. Estábamos en buenas manos. ¿Cómo no íbamos a confiar en el crecimiento económico y en los milagros tecnológicos? Si surgía un problema, tarde o temprano una nueva tecnología lo resolvería.

Hace ya medio siglo, filósofos como Thuillier, Illich y Panikkar ja veían que el pensamiento lineal había llevado al mundo moderno a una una vía muerta. Y cuando empezó lo que llamábamos “la crisis”, hace ahora treinta años, no faltaban autores que explicaban como el creciente agotamiento de los combustibles fósiles llevaría al fin de la sociedad tecnoindustrial. Heinberg, Kunstler, Fernández Duran, Greer, Turiel y tantos otros. I think we are fucked, había proclamado Stephen Emmot, profesor de Oxford, después de evaluar datos sobre la situación del mundo.

        Ya entonces había manuales para la supervivencia post-colapso, como When Technology Fails de Stein y El libro de la selva del ingeniero Pedro Prieto, que circulaba libremente por internet. Suerte que Marta tenía una copia.

Hoy cumplo setenta y cinco años y no puedo evitar los recuerdos y las preguntas. ¿Cómo pudo el mundo cambiar tanto?

        Recuerdo bien qué sucedía hace cincuenta años, el año 89. El Exxon Valdez, Tiananmen y, sobre todo, la caída del muro de Berlín. Cayó el muro y se acabó la guerra fría, la que hacía temer una guerra nuclear (luego supimos que, ay, más de una vez había estado a punto de estallar). Y pareció que el mundo entraba, tras dos guerras mundiales y una guerra fría, después del Holodomor y del Holocausto y de Hiroshima, en una época de progreso y de prosperidad sin fin.

        Sí, lo parecía.

La población ha disminuido. Lo más devastador fue la incapacidad de adaptarse a los nuevos tiempos. Porque lo esencial para salir adelante no era el dinero ni las armas, ni siquiera el tener tierras y herramientas y el saber utilizarlas. Lo esencial eran las ganas de vivir, de vivir una vida que ya no estaba basada en el consumo y el confort sino en la incertidumbre y en el esfuerzo. Para salir adelante había que haber encontrado un sentido profundo al vivir, al estar en este mundo.

Las grandes ciudades… Nunca se vio cosa igual en la Tierra. Pero tuvieron que ser abandonadas cuando se acabó el espejismo que las proveía de alimentos y de energía. Cuanto más grandes y poderosas, más frágiles eran también. Ahora son almacenes de materiales. Quien sabe buscar encuentra, entre los edificios abandonados, metales y aleaciones de todo tipo.

La primavera avanza y los días se van haciendo más largos.

        Volvemos a ser conscientes de los ritmos de las estaciones y de la vida. Y volvemos a pescar en barcas a vela. Se acabó el delirio tecoindustrial, pero no hemos vuelto atrás. Tecnologías solares, bicicletas, agroecología, luz.

        Lo que más ha cambiado somos nosotros. Somos más libres, vivimos más en el presente y conocemos mejor nuestro poder interior.

Depositaré estas palabras en una botella, en la mar, y que las olas las lleven donde quieran.

        Tal vez al pasado.

 

Sobre el autor: Jordi Pigem – Dr. en Filosofía, especializado en el nuevo paradigma científico y el pensamiento ecológico. Autor de libros como GPS, Buena Crisis, o La nueva realidad.

 

Inspiraciones:

Biografía

Diamond, J. (2006): Colapso. Porqué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Debate. Barcelona.

Fernández Duran, R. (2011): El Antropoceno. La expansión del capitalismo global choca con la biosfera. Virus Editorial. Barcelona.

Fernández Duran, R. (2011): La Quiebra del Capitalismo Global: 2000-2030. Libros en Acción / Virus / Baladre. Madrid

Greer, J. M. (2008): The Long Descent. A User’s Guide to the End of the Industrial Age. New Society Publishers. Gabriola Island.

Greer, J. M. (2009): The Ecotechnic Future. Envisioning a Post-Peak World. New Society Publishers. Gabriola Island.

Greer, J. M. (2013): Not the Future We Ordered: Peak Oil, Psychology, and the Myth of Progress. Karnac Books. London

Kunstler, J. H. (2005): The Long Emergency: Surviving the End of Oil, Climate Change, and Other Converging Catastrophes of the Twenty-First Century. Groove Atlantic. New York.

Prieto, P. (2004): El libro de la selva. Pequeño manual de supervivencia para la Crisis Energética Autoeditado. Pdf descargable en internet.

Thuillier, P. (1995): La Grande Implosion. Rapport sur l’effondrement de l’Occident 1999-2002. Fayard. París.

Páginas web y blogs

The Oil Crash

The Archdruid report

Energy Watch Group